Respuesta a la Lectio Brevis - Dr. Alexander Zatyrka, SJ
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Respuesta a la Lectio Brevis - Dr. Alexander Zatyrka, SJ
Estimado maestro Francisco Arizti Galnares, presidente de ITESO AC.
Estimado maestro Luis Marrufo Cardín, director General Académico del ITESO.
Estimada maestra María de Lourdes Centeno Partida, representante del personal de la Dirección General Académica ante el Consejo Universitario.
Estimado Óscar Barrera Navarrete, representante de estudiantes de licenciatura en el Consejo Universitario.
Estimado Dr. César Lozano Díaz, académico del Departamento de Matemáticas y Física, y coordinador del proyecto ReflexIA.
Muy apreciada comunidad universitaria del ITESO.
Queridas alumnas y alumnos.
Es un gusto para mí participar en esta lección con la que inauguramos formalmente el ciclo escolar 2026 – 2027.
En nombre de nuestra comunidad universitaria les doy la más cordial bienvenida a este nuevo periodo académico, con el deseo de que resulte de mucho fruto para cada una y cada uno de ustedes.
Recibimos con especial emoción a las alumnas y a los alumnos que se integran por primera vez al ITESO. Bienvenidas, bienvenidos. Gracias por permitirnos ser parte de su vida en esta nueva etapa.
Durante los próximos años tendrán la oportunidad de convertirse en personas profesionales competentes, conscientes y comprometidas, capaces de enfrentar el mundo desafiante, pero también lleno de oportunidades, del que hoy nos comunicó el doctor Lozano en su lección.
Muchas gracias, César, por compartirnos tus conocimientos y reflexiones en torno a un tema fundamental que está transformando nuestras vidas de manera vertiginosa y radical.
Es verdad que a lo largo de la historia de la humanidad se han producido revoluciones tecnológicas que, como bien señalaste, han generado, cambios muy importantes en las sociedades.
Sin embargo, ninguna de las revoluciones tecnológicas se había difundido tan rápidamente y tampoco había tenido la capacidad de agencia que tiene la Inteligencia Artificial.
Algunos ejemplos ilustran esta velocidad. De acuerdo con diversas estimaciones, al teléfono fijo le tomó alrededor de 75 años alcanzar los 100 millones de usuarios en el mundo; al teléfono móvil le llevó aproximadamente 16 años ; a Internet, 7 años; a WhatsApp 3.3 años; a TikTok 9 meses. A ChatGPT le bastaron dos meses lograr esa cobertura.
Hace 27 años, en 1999, cuando buena parte de ustedes ni siquiera había nacido, el sociólogo Manuel Castells ya nos hablaba de una emergente “era de la información”.
Casi tres decenios después podemos afirmar que tanto la información pública y de interés social, como la información individual, que alimenta al algoritmo, se han convertido en un bien preciado y codiciado para los actores del modelo económico dominante.
Por supuesto que el acceso a la tecnología es dispar y que existe una gran brecha entre quienes tienen total acceso a las nuevas plataformas y quienes ni siquiera logran cubrir sus necesidades básicas. Aun así, el contraste es notorio, y podemos decir que nos encontramos frente a un escenario inédito, que nos obliga a hacernos preguntas que hasta hace poco parecían lejanas.
Es importante recordar que buena parte de las tecnologías no solo nos sirven como herramientas para resolver tareas específicas, sino que también llegan a moldear nuestras formas de estar en el mundo.
Un ejemplo simple y cercano es el automóvil. Se generó como un dispositivo más eficiente para la movilidad humana. Sin embargo, el desarrollo de esta tecnología terminó por impactar la forma en que diseñamos y habitamos las ciudades.
Si esto ocurrió con el vehículo motorizado, es fácil advertir la magnitud de las implicaciones de las nuevas tecnologías que, además de tener la capacidad de tomar ciertas decisiones por sí mismas, cuentan con recursos para incidir en lo más íntimo de nuestro ser: la conciencia.
Por eso es importante insistir en que la inteligencia artificial no es solamente una herramienta que nos permite hacer las cosas más fácilmente, sino que ya impacta significativamente las maneras de estudiar, investigar, comprar, hacer política, divertirnos, hacer negocios y muchas más.
En 2008, el escritor Naief Yehya ya advertía de los riesgos del uso acrítico de los nuevos desarrollos tecnológicos. Cito:
“La tecnocultura con todas sus fascinantes virtudes y posibilidades puede tener consecuencias que van más allá del consumo inmoderado de tecnología o de la enajenación con dispositivos y aparatos. Por un lado, si la política de una nación es regida por una obsesión tecnológica, el [ser humano] se torna en un mero operario ignorante, incapaz de entender el funcionamiento y riesgos de las tecnologías que lo rodean, un ser maravillado por el culto a la alta tecnología y los prodigios que ésta promete, pero sometido a voluntades guiadas por criterios corporativos y autoritarios”.
La Inteligencia Artificial tiene pues el potencial de configurar buena parte de nuestra manera de vivir y de incidir en la forma de relacionarnos con el mundo y con las demás personas. Seguramente la mayoría de quienes estamos aquí ya usamos a la Inteligencia Artificial, al mismo tiempo que ella también utiliza nuestra información para ir construyéndose a sí misma.
La evolución de la Inteligencia Artificial es tal, que ya comienza a ser caracterizada como un cambio civilizatorio de igual o mayor escala de la que representó, en su momento, la Revolución Industrial.
De ahí que sea tan importante conocer sus posibilidades y sus límites, sus implicaciones éticas, políticas, sociales y culturales. Y esto se debe de hacer ya, pues, como decía César, “estamos llamados a discernir en un periodo mucho más corto y ante una escala de transformación mayor”.
No se trata, de ninguna manera, como también señalaba el doctor Lozano, de dar la espalda a la tecnología, sino “de analizarla críticamente y discernir sus efectos”.
Muchas personas, desde diversos campos científicos y desde las humanidades, están reflexionando sobre este asunto. Entre ellos está el Papa León XIV quien, como ustedes saben, publicó en mayo de este año la Carta Encíclica Magnifica Humanitas, que dedica a este tema.
En ella nos recuerda, y cito, que: “La tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias”. Y agrega que la tecnología, “en sí misma, no es una solución a los problemas de la humanidad, como tampoco es un mal en sí; pero, concretamente, no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza”.
El Papa nos invita a responder entonces una pregunta decisiva al respecto de todas las innovaciones tecnológicas, y es si “¿contribuyen realmente a hacer crecer a las personas y a los pueblos en humanidad y fraternidad, en el respeto a la Casa común y a las generaciones futuras?”.
Como personas que tenemos, o hemos tenido el privilegio de formarnos profesionalmente, hemos de ser capaces de saber discernir cómo, cuándo y para qué utilizar la Inteligencia Artificial. Y también, como dice León XIV, para decidir “cuándo y para qué no utilizarla”.
El Homo sapiens se distingue de otras especies por su capacidad de desarrollar el pensamiento racional y complejo, la capacidad de reflexión ética y la sensibilidad creativa. Somos también responsables de nuestras decisiones. Delegar estos atributos de manera acrítica a la tecnología sería renunciar a nuestra propia humanidad.
Siempre es bueno regresar a los griegos para recordar lo que somos como humanos. Hay una idea platónica que puede servirnos para distanciarnos existencialmente de la máquina: el ser humano es un ser que busca aquello que está más allá de sí mismo y que percibe como trascendental, particularmente la unidad, la verdad, la belleza y el bien.
Debemos renunciar, como dice el Papa, a esa “sutil seducción que hace parecer inútil el pensamiento humano precisamente cuanto más se necesita”
Vemos pues que el tema nos interpela profundamente. Como universitarios no podemos conformarnos con aprender a utilizarla. Nos corresponde, además, analizarla críticamente, vislumbrar escenarios, advertir riesgos y proponer acciones.
Por ello hemos constituido en el ITESO el proyecto ReflexIA, que busca “promover en la universidad una apropiación responsable de la Inteligencia Artificial, guiada por el discernimiento, la justicia, la formación integral y el pensamiento crítico que caracterizan a nuestro modelo educativo”.
Tenemos mucho por hacer, por descubrir y por proponer en este tema. Hagámoslo desde el horizonte de las Orientaciones Fundamentales del ITESO, que desde hace más de 50 años nos invitan a ser una comunidad universitaria que busca descubrir la verdad para llevarla a formas de convivencia cada vez más humanas y más justas.
Hagamos eco de la invitación del Papa, quien dice que: “En la era de la inteligencia artificial, en la que la dignidad humana corre el riesgo de verse eclipsada por nuevas formas de deshumanización, tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado”.
Que así sea.
Muchas gracias.