“Los escritores no podemos olvidar el componente corpóreo de la palabra”: Elisa Díaz Castelo
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“Los escritores no podemos olvidar el componente corpóreo de la palabra”: Elisa Díaz Castelo
En el marco del Festival Cultural Universitario del ITESO, la autora de “Planetas habitables” y “Malacría” compartió su fascinación por el sonido de idiomas desconocidos y cómo esa experiencia le recuerda que la escritura empieza en el cuerpo.
Ximena Torres
Entre las herramientas de una poeta, el diccionario no es siempre el protagonista porque las palabras no son un instrumento de precisión para describir emociones o escenarios. En la poesía “el significado no es lo único que importa, ni lo único que significa”, dice Elisa Díaz Castelo, ganadora del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes en 2020, del Premio Nacional de Poesía Alonso Vidal en 2017 y, ahora, invitada de la edición 2026 de la Cátedra Magis de Literatura.
La relación de Elisa con las palabras se describe, más bien, como un encantamiento: ella se encarga de devolverlas a su canto a través del ritmo y la musicalidad. Asegura que no le importa si, al priorizar el sonido, el lenguaje adquiere el peso de una moneda fuera de circulación, incapaz de comprar nada. De hecho, considera que esa es una de las mejores maneras de reforzar la existencia física del lenguaje en el mundo y recordar que es materia.
La prueba más obvia es la palabra escrita. Para demostrarlo la poeta habló de los textos inscritos en materiales naturales como el barro y el hueso. Prestó especial atención al uso de huesos oraculares durante la dinastía Shang de China y a los quipus quechuas, tejidos codificados con nudos para la contabilidad y la transmisión de relatos.
“Cuando una palabra es un nudo o un hueso o una hendidura en la arcilla, deja de ser mera mercancía de significado, intercambiable, fácilmente olvidable y regresa a su cuerpo”, reflexionó durante la conferencia que impartió en la Casa ITESO Clavigero.
La lengua de señas es otra manera en la que la palabra se hace cuerpo, dijo Elisa al recordar a la mamá de su primer novio. Ella era sordomuda y hablaba con las manos. “La primera vez que me invitaron a comer [...] miraba con concentración absoluta su silencio, sabiendo que no lo era del todo, y que en el fondo de esos gestos, tajantes y afilados como los de un carnicero, se realizaba el acto de magia perfectamente calibrado de lenguaje. Era como observar algo que sucede muy lejos o escuchar una conversación a través de una pared y poder extraer solo la temperatura del mensaje”, narró.
Su fascinación por lenguajes que no entendía continuó a lo largo de los años. Antes de aprender inglés, escuchaba las palabras de ese idioma suspendidas en el aire como insectos brillantes que la atraían. La incógnita era precisamente lo que le gustaba porque le permitía imaginar “todas las posibilidades de contenido simultáneas; un jardín antes de que los senderos del significado lo bifurquen, de que cierto contenido semántico se fije y los otros desaparezcan para siempre”.
Aún en esa opacidad lingüística —que ayuda a comprender su amor por la poesía—, hay cuerpo, porque el sonido es el resultado de partículas que oscilan y crean una onda que atraviesa el aire. La vibración del tímpano al interior del oído es lo que permite recibir el impacto. Por eso Elisa asegura que ella no puede darse el lujo de olvidar el componente corpóreo de la palabra y la escritura, porque ambos inician su trayectoria a través de sus sentidos. Además, ella y todos los humanos son materia. Lo supieron desde las civilizaciones más antiguas cuando explicaban que la creación del universo había sido posible gracias a la derrota de monstruos primigenios como Cipactli en la cosmología azteca.
Las reflexiones compartidas por la autora se desarrollaron en el marco del Festival Cultural Universitario (FCU) del ITESO, que en 2026 se propuso mirar el cuerpo como el primer territorio de lucha, expresión y transformación. Por ese motivo, la conferencia de la Cátedra Magis de Literatura llevó por título “Entre el cuerpo y su sombra: en busca de una escritura habitada”.
Al final de su intervención, la autora del poemario Planetas habitables (Almadía) y de la novela Malacría (Sexto Piso) reflexionó sobre lo radical que resulta para las mujeres habitar el propio cuerpo al escribir, dado que históricamente sus representaciones no les han pertenecido a ellas. Desde el Cantar de los cantares hasta las obras de Francesco Petrarca, John Donne y Octavio Paz, la tradición literaria ha tendido a abordar la figura de la mujer como territorio o paisaje.
“Por eso, anclar la escritura en el cuerpo, vincularla inherentemente a la experiencia de tener y de ser un cuerpo, es un acto profundamente político. Es una de las formas pequeñas, humildes, en las que emprendo ese viaje de vuelta hacia mi propio cuerpo”, finalizó Elisa.
La Cátedra Magis de Literatura es un espacio dedicado a la reflexión crítica acerca de las formas en que la literatura se hace cargo de nuestro presente, mediante el encuentro con autores y autoras internacionales, y forma parte del Programa de Creación Literaria ITESO.
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